Todos, ateos (aunque lo nieguen) , pragmáticos, católicos, cristianos, judíos o cualquier otra especie sueña con su llegada al Jardín del Edén. Aaru, la tierra de Osiris, el paraíso para los egipcios, El Elysion para los griegos, el Valhalla para los nórdicos y el Edén para los católicos…todos tienen un nombre diferente, pero representan lo mismo, el lugar donde descansara el alma de los buenos y puros, sin ninguna amargura, sin ninguna preocupación, en total felicidad, el mejor descanso eterno posible.
Pero yo no siento ninguna simpatía por estos lugares llenos de seres celestiales mostrando sus genitales como bienvenida o a “santos” regando bendiciones eternas por todos lados, para mí el paraíso perfecto mostraría otra cosa. Para mi el paraíso significaría el lugar donde se corregirían todos los errores cometidos (seamos sinceros, todos cometemos errores, hasta los mas “santos”). Un lugar en donde podamos vivir de nuevo los buenos momentos, en donde las sonrisas de los padres sean eternas, en donde el dolor de una decepción no exista, que las lagrimas que provocamos en nuestros semejantes puedan ser recogidas.
Un lugar donde no exista el miedo al otro, el miedo a que nos dañen, el miedo a decir lo que sentimos, el miedo a acercarnos a esa persona y comentarle lo mucho que la queremos. Un lugar donde sanemos nuestras heridas física y emocionales, un lugar donde todo lo vivido sea mejorado por nosotros mismos.
Eso si seria el paraíso.
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