Sentada en su cama, de frente a la ventana,
viendo la luz de la tarde que impacta en su rostro, pensando y no pensando a la
misma vez. De rasgos finos, hermosas facciones, pero oscurecidas por una
enfermedad, ese tipo de males que primero devoran el animo, después el cuerpo,
y de ultimo el alma, quitando cada segundo de vida.
Sumergida en pensamientos vanos y de poca
importancia, de repente siente un leve ruido. No sabe si fue una jugada de su imaginación
o si es real. Se levanta y sale de su cuarto. Sus pies ya no responden como
antes, su caminar es torpe y poco delicado. Deduce q el ruido proviene de la
cocina, así que camina hacia ella...una leve luz que proviene de la nevera, una
luz amarillenta que dibuja en la pared una figura grotesca. Una sombra
proyectada débilmente por la poca luz reinante mostraba a la misma devorando
todo lo que conseguía en la nevera, restos de comida y liquido manchaban el
limpio piso de la cocina.
Corrió como se lo permitieron sus pies, pero un
grito, y después otro, y después otro más, la obligaron a detenerse en seco
ante la habitación para la visita. Cada grito estaba envuelto con la ira mas
poderosa que puede emitir el alma de una persona; se asomo en el pequeño espacio
abierto entre la puerta y el marco de la misma…y lo que vio la altero mucho
mas. Una figura femenina, con las ropas desarregladas, gritaba y caminaba por
toda la habitación; se acercaba a las paredes y su histeria aumentaba a niveles
impresionantes…con sus uñas rompía el tapiz que cubría la pared, dejando una
estela fina de sangre y piel.
Impactado por esta imagen, camino hacia el salón,
desesperada, quería llamar a alguien, algún vecino o amigo, alguien que la
pudiera ayudar, marco desesperadamente y espero el tono que le indicara que la
llamada estaba en curso; pero no fue precisamente el tono lo que escucho. Una
voz, entre mecanizada y con eco, le indicaba que ni su preocupación ni sus lágrimas
lograrían moverlo de su sitio, estaba cansado, sin ganas, fastidiado de sus
lloriqueos, de su enfermedad…de ella toda, si algo sentía por ella, ese
sentimiento era el de pereza.
Colgó nerviosamente, y se alejo del teléfono como
si este fuera un animal extremadamente peligroso. Estaba nerviosa, se sentía atrapada,
cerro los ojos y intentaba calmarse a si misma, sin darse cuenta que otro espectáculo
grotesco estaba sucediendo en ese momento. Una chica, muy joven, estaba parada
en la entrada del pasillo, daba un aspecto grotesco a la situación. Maquillada exageradamente,
dándole el aspecto de un payaso de circo de mala muerte, con ropas que no
combinaban entre si, con el color pintado de diferentes maneras, solo atinaba a
decir; “quiero ser como ella, como la otra, como fulana…..Quiero ser como ella,
como la otra, como fulana”.
Cuando escucho este ligero gemido,
inmediatamente abrió los ojos de par en par, pero ya el espectro no estaba. Una
risa paranoica se dibujo en su cara y camino hasta su cuarto, su mente
trabajaba a mil por hora; a pesar de su estado físico, un ligero vigor la hacia
mas rápida, mas precisa….mas violenta. Sin previo aviso, rompió a gritar a todo
pulmón, para que todos y nada a la vez la escuchara; “Maldita sea, lo que
faltaba, delirios…ahora la tullida sufre de delirios”, sus palabras estaban
cada vez mas cargadas de soberbia y arrogancia; “Yo, dueña de todo, dueña de mi
destino, mejor que todos, mejor que toda la escoria que siempre conocí, la que
siempre fue superior a toda esta mierda de sociedad, ahora jodida por una
simple enfermedad. Maldita sea!!!”
“Poder y dinero, no soñaba con mas nada, solo
eso. Poder para joder y dinero para seguir jodiendo, ese era mi sueño. Mientras
mas dinero, mas poder, y mientras mas poder, mejor vida. Solo eso quería, una
puta mejor vida”; sus palabras arrastraban odio y decepción.
Se sentó al filo de su cama, y sintió el frio
de un nuevo delirio, de una nueva imaginación. Ahí, parada en la puerta, una
figura femenina a medio cuerpo, tapada por la oscuridad, solo permitía ver unas
piernas hermosas, blancas como la muerte, pero hermosas, un largo vestido rojo pasión
y una cabellera negra que bañaba toda su cara. Con un andar sensual y capaz de
levantar las pasiones mas bajas de cualquier persona, se encamino hasta donde
estaba la otra, y se sentó a su lado. Un leve olor a jazmín invadió el cuarto,
mientras la sensual mujer se inclino hacia la moribunda. Sus labios rojos se
acercaron a la mejilla de la segunda, dándole un delicado beso, mientras posaba
en sus manos una rosa roja. Desapareció como el viento, mientras la otra, de
repente, entendió todo lo que estaba pasando.
Su lucha toda la vida por mantener una figura
esbelta y su contradictoriamente su afición a la comida; doctores, cirujanos, bisturís,
comida y bebidas, conformaban un circulo vicioso en ella. Su fuerte carácter,
su don para maltratar a las personas que más la querían, sus gritos, sus
golpes, sus amenazas, su mejor marca de fábrica.
El fastidio que le provocaba todo, la ladilla,
la indiferencia, la flojera, el sueño eterno, la pereza como filosofía de vida.
Siempre quiso ser como las mas bellas, quería su maquillaje, su ropa, sus
rostros, sus cuerpos, sus almas, su todo. Envidiaba cada partícula de ella,
hasta la más mínima. Soberbia o ella, ella o soberbia, casi una misma, una
complementaba a la otra, una unión no tan bonita.
Avaricia o el arte de siempre querer más. Ella era
la mejor alumna de la avaricia, aprendió todas sus técnicas, y logro el diploma
como la mas destacada de esta área. La Lujuria; “Que me conozcan como una
perra, pero que me conozcan” solía decir a todos sus amigos íntimos, hombres y
orgasmos iban y venían, fluidos corporales inundaban su día a día, o noche a
noche. Su vida sexual le dejo un regalo, una enfermedad que devora el animo, después
el cuerpo, y después el alma.
Se acostó en su cama, mientras sus ojos se iban
apagando, con una mueca propia de las personas que saben que, más que acabar,
ahora es que empieza el sufrimiento.
PD: No es mi cuento, mucho menos mi idea, solo lo tome prestado ya que la idea me llamo altamente la atención Todo el crédito para los verdaderos dueños.
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