Existen de diferentes formas, irónicas,
maliciosas, desdeñosas, forzadas, lastimeras, llenas de dolor o de alegría,
algunas muestran el amor en todo su esplendor, otras, llegan a ser
inexpresivas, y sin embargo, son sonrisas aun.
Nacemos y al rato podemos reír, crecemos entre risas y juegos. Tan vital
es la sonrisa como la comida y la bebida en nuestra niñez. En la adolescencia,
las risas traviesas, enamoradas y picaronas, son el pan nuestro de cada día, y
todas, absolutamente todas, son correspondidas.
A medida que crecemos, esta se
vuelve más enigmática aun. Sonreímos por cortesía, por hipocresía o para llenar
formularios sociales. Le sonreímos al amor correspondido, y al que no lo es también.
Al segundo, le sonreímos levemente, nunca tan descarado, nos podemos ahogar en
nuestra propia “risa”. Como no es correspondido, la sonrisa de amor se ahoga en
el camino del pensamiento a la acción, y sin embargo, por dentro, sonreímos seguros
de que, al menos una buena intención acaba de nacer.
Como aun no paso en la vida real
de este punto, no tengo ni la menor licencia para seguir hablando de sonrisas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario